Sabuxo ha terminado. No habrá casos nuevos, pero todos los publicados siguen aquí y se juegan enteros. Ver el archivo · hecho con onvibe.run
Cuenta
← todos los casos
ExpedienteEXP. #011
La víctima

Práxedes Boada

jefe de cocheras de la compañía de tranvías · una cochera de tranvías de Sant Martí, la primera noche de la Semana Trágica

Desde el portón atrancado de la cochera de la calle Wad-Ras se oye arder la ciudad: las casetas de los consumos, los gritos que suben por la carretera de Mataró, una campana que nadie toca a misa. Dentro, tres tranvías metidos de través tapan la salida y huelen a grasa fría. Cinco personas llevan desde las diez y media encerradas ahí, sin fiarse mucho unas de otras, repartidas entre la mesa de la oficina y el estribo del primer coche. A las doce y veinte alguien baja un candil al foso de engrase del fondo y encuentra a don Práxedes Boada, jefe de cocheras, boca abajo sobre el hormigón, con la nuca partida de un solo impacto. No hay ni una puerta abierta a la calle, ni una ventana rota: quien lo hizo sigue dentro, entre los cuatro que quedan de pie.

Se abrió el 26 de julio de 2026
4 sospechosos
Investigar este caso →

El reparto

Quiénes estaban en una cochera de tranvías de Sant Martí, la primera noche de la Semana Trágica aquella noche. Todos tienen su versión; uno miente.

Encarna Vilaseca

hiladora del vapor del clot y de las que llevan la voz en el comité del barrio

Encarna Vilaseca nació en una casa de vecinos del Clot y entró a hilar en el vapor con once años, como su madre y como sus tres hermanas. De aquella escuela de calor, hilaza y capataces salió una mujer de trato áspero y palabra corta, con fama de no dejarse pisar ni por los encargados ni por los suyos. En las huelgas del textil de los últimos años fue de las que sabían leer un pliego de condiciones y explicarlo a voces en el patio, y así acabó llevando la voz del comité de su barrio sin haberlo pedido nunca. Los del vapor la respetan más de lo que la quieren; ella lo prefiere así. Fuera del oficio no se le conoce más afición que el orfeón y el café con anís del domingo.

Cosme Batet

guardia municipal del distrito

Cosme Batet nació en el Poblenou, hijo de un carretero y de una lavandera, y entró en la guardia municipal a los veinticuatro después de probar suerte sin fortuna en una fábrica de vidrio. Le tocó siempre el mismo distrito, el de sus calles, y esa cercanía le ha dado a la vez su prestigio y su desgracia: conoce a los borrachos por el nombre de pila y a las porteras por el de las hijas, pero cuando hay que apretar a alguien es a un vecino a quien aprieta. Tiene fama de guardia blando, de los que avisan antes de multar, y en el cuartelillo se lo reprochan. Cría canarios en el terrado y los saca a la ventana los días de sol.

Ramona Feliu

planchadora del barrio

Ramona Feliu nació en Sant Andreu de Palomar y entró de aprendiza en un obrador de plancha antes de saber leer de corrido. Aprendió el oficio con las camisas de los señores del paseo de Gracia: almidón, hierro al carbón y una paciencia de piedra para las pecheras. Cuando se casó se puso por su cuenta y plancha en casa, con la ventana abierta y una vecina que le sube el agua, para media calle Wad-Ras. La tienen por callada y algo seca, de las que no bajan a la escalera a comentar nada, aunque las mujeres del rellano le reconocen una mano abierta para quien pasa apuro. Canta bajito mientras trabaja y no ha faltado a la fiesta mayor del barrio ni un solo año.

Ismael Duran

mecánico del taller de la cochera

Ismael Duran vino de niño desde un pueblo del Priorat con un padre herrero que no encontró fragua en la ciudad y acabó de peón en las obras del ensanche. Él entró de aprendiz en la cochera antes de cumplir los quince y ahí sigue, con las manos negras hasta la muñeca y una sordera de fondo que achaca al martillo. Los conductores lo tienen por el hombre que ha salvado más servicios de madrugada, capaz de resucitar un motor con alambre y una lima; los oficinistas, por un cascarrabias que discute cada vale de material. No se le conoce sindicato ni parroquia. Los domingos baja a la playa del Somorrostro a mirar los barcos y vuelve a la hora de cenar, siempre solo y siempre puntual.

Investigar este caso →