Sabuxo ha terminado. No habrá casos nuevos, pero todos los publicados siguen aquí y se juegan enteros. Ver el archivo · hecho con onvibe.run
Cuenta
← todos los casos
ExpedienteEXP. #019
La víctima

Garci Bejarano

fiel del concejo para la leva y el abasto de la armada · la villa de Palos, la noche antes de que las tres naves de la armada de las Indias larguen amarras

Amanece el 3 de agosto sobre la ribera de Palos y el río está lleno de velas. La villa entera se ha echado al agua a ver partir las tres naves, y nadie mira hacia la lonja, donde el cuerpo de Garci Bejarano, fiel del concejo, sigue tendido sobre los sacos con un virote de ballesta clavado en el pecho y el libro de la leva abierto bajo el brazo. El candil está volcado y frío. Nadie oyó nada en toda la noche: un virote no suena. La ballesta no aparece por ninguna parte, ni en la lonja, ni en las barcas, ni en las casas, y las naves que ahora doblan la punta del río van cargadas, selladas y contadas, fuera ya del alcance de cualquier justicia. Con la marea se han ido también las preguntas fáciles: quedan las difíciles, y cuatro personas en tierra que saben más de lo que dicen.

Se abrió el 3 de agosto de 2026
4 sospechosos
Investigar este caso →

El reparto

Quiénes estaban en la villa de Palos, la noche antes de que las tres naves de la armada de las Indias larguen amarras aquella noche. Todos tienen su versión; uno miente.

Pascual Tenorio

armador y tratante de jarcia de la ribera

Pascual Tenorio es hijo y nieto de armadores de Palos, de los que aprendieron el oficio calafateando antes que escribiendo. Levantó una almona de jarcia, brea y pertrechos que surte a media ribera, y llegó a tener dos carabelas propias en la carrera de Berbería hasta que los años y los pleitos le dejaron una. Cuando la provisión real mandó a la villa servir con sus naves, la suya fue tomada y tasada por el concejo, y él lo tomó como se toma un robo con papeles. Es hombre de cuentas exactas y memoria larga, cortés con quien compra y áspero con quien manda, y en la villa se dice que no ha perdonado una deuda en cuarenta años, ni ha dejado de pagar una.

Sabina Marchena

hornera de la villa

Sabina Marchena nació en Moguer y vino a Palos casada, siendo casi una niña, con un hombre callado que le llevaba años. Enviudó pronto y sacó adelante el horno de su padre, que amasa para media villa y para los navíos que tocan el puerto, a fuerza de madrugar más que nadie y de no fiar a quien no paga. Tiene las manos anchas, la lengua pronta y una sola debilidad conocida, un hijo mozo al que crió sola y al que no ha dejado embarcarse nunca, ni a la sardina. En la villa se la respeta y se la teme un poco, porque no debe nada, no calla nada y pesa el pan delante del que compra.

Justa Morillo

santera de san jorge: guarda el templo

Justa Morillo enviudó de un pescador antes de los treinta y se arrimó a San Jorge como quien se arrima a un fuego: primero fregando las losas por caridad, después guardando las llaves, y al cabo de los años siendo la santera sin que nadie recuerde haberla nombrado. Vive en un cuartillo pegado a la sacristía, enciende las lámparas al alba, las apaga a la queda y conoce a la villa entera por cómo pisa el umbral: quién viene a rezar, quién a pedir y quién a esconderse. Los curas pasan y ella queda. Tiene la lengua prudente, el oído fino y una debilidad confesada por los mozos huérfanos de la mar, a los que guarda pan del ofertorio sin decírselo a nadie.

Andrés Camacho

mozo huérfano

Andrés Camacho quedó huérfano de padre en la mar, como tantos en Palos, y de madre poco después, y se crió arrimado a las casas que le daban jornal: aguador, esportillero, mozo de playa, lo que hubiera. No tiene oficio cerrado ni valedor que lo reclame, que son las dos cosas que libran a un mozo de un rol, y cuando la villa tuvo que poner hombres para la armada, su nombre entró de los primeros. Es espigado, listo de palabra y de pies, con fama de escurrirse de los trabajos malos y de cumplir bien los buenos. Le tiene al mar un miedo antiguo y sin vergüenza, el de quien ha visto lo que devuelve la marea, y no se lo calla.

Investigar este caso →