ExpedienteEXP. #018
La víctima
Salvador Rigau
secretario del ayuntamiento y presidente de la mesa electoral · la escuela de un pueblo del Vallès convertida en colegio electoral, la noche del plebiscito del Estatuto de Núria
El aula grande huele todavía a pólvora y a tinta. Los pupitres siguen corridos formando la mesa larga donde han pasado la tarde contando papeletas una por una, y las papeletas siguen ahí, en montones desiguales sujetos con piedras del patio para que no las mueva el aire de la ventana. En el suelo, entre la mesa del maestro y el mapa de Cataluña colgado de la pared, Salvador Rigau yace de espaldas, con el pecho abierto por el perdigón y el brazo derecho todavía sobre el acta que faltaba por firmar. La lámpara de petróleo sigue encendida y no se ha volcado. Fuera, en el porche, cuatro cigarros consumiéndose en el suelo y un pueblo entero que en dos horas sabrá que aquí ha pasado algo, si no lo sabe ya.
Se abrió el 2 de agosto de 2026
4 sospechosos
Investigar este caso →El reparto
Quiénes estaban en la escuela de un pueblo del Vallès convertida en colegio electoral, la noche del plebiscito del Estatuto de Núria aquella noche. Todos tienen su versión; uno miente.
Teresina Grau
maestra de la escuela
Teresina Grau se formó en la Escuela Normal y llegó al pueblo con veintitrés años y una maleta de libros que aquí nadie había visto. Once cursos después, sigue en la misma aula de techos altos y estufa insuficiente, con una lista de alumnos que se vacía en cuanto llega la vendimia y que ella recompone a fuerza de visitar casas y discutir con padres. Tiene fama de severa y de justa, dos cosas que en un pueblo pequeño rara vez van juntas, y de no deberle nada a nadie: ni al ayuntamiento, ni a la parroquia, ni a las familias de arriba. Le gustan el orden, las cuentas claras y los cuadernos sin borrones, y no soporta que se le entre en clase sin llamar a la puerta.
Conxita Miralpeix
viuda
Conxita Miralpeix enviudó joven, con dos hijos y una casa alquilada, y desde entonces limpia la escuela, la rectoría y lo que haga falta. Es de esas mujeres que en un pueblo lo sostienen todo sin figurar en ningún papel: sabe qué familias pasan hambre, qué niño viene sin desayunar y quién no ha ido a misa en tres domingos, y no lo cuenta más que cuando le parece que hace falta. Va a misa de siete, tiene opinión formada sobre casi todo y una manera de callársela que consiste en decirla a media voz y seguir fregando. Los niños la quieren porque les guarda pan en el bolsillo del delantal, y los maestros que han pasado por aquí han acabado todos consultándole las cosas del pueblo.
Amadeu Roldós
alcalde del pueblo desde abril
Amadeu Roldós nació en el pueblo, hijo de un tratante de ganado que le enseñó a cerrar tratos con un apretón de manos y a no fiarse de los papeles. Estuvo cinco años en Barcelona trabajando en un almacén de curtidos y volvió con la idea de que a los pueblos les faltaba todo, y sobre todo prisa. Cuando en abril salió elegido alcalde, lo primero que hizo fue arreglar el camino del cementerio y poner vidrios nuevos en las ventanas de la escuela, y lo contaba en la plaza como quien cuenta una hazaña. Es hombre de mucha voz y poca paciencia, generoso con el vecino que se le acerca y áspero con el que le lleva la contraria en público, y tiene la costumbre de hablar en nombre del pueblo entero cuando habla de sí mismo.
Silvestre Camprubí
payés con un pleito de rabassa que dura más que él
Silvestre Camprubí lleva toda la vida en la misma viña, que plantó su abuelo y replantó él después de la filoxera sin que por eso dejara de ser de otro. De ahí le viene el pleito: doce años de escritos, procuradores y viajes a la capital para que le reconozcan lo que cualquiera del pueblo sabe con solo mirarle las manos. Es hombre callado, de esos que en la taberna escuchan tres horas y sueltan una frase, y tiene fama de cabezota incluso entre los suyos. Se levanta antes que nadie, no debe un céntimo, y guarda en la cocina una recortada de la prensa del sindicato tan doblada y releída que ya no se lee. Cuando se ríe, se ríe con toda la cara, pero no se ríe a menudo.