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ExpedienteEXP. #002
La víctima

Xulio Requeixo

director de la compañía · teatro de provincias

A las ocho y cuarto de la tarde el foso del teatro huele a polvo de escena y a metal frío. El foso está abierto —una boca negra de tres metros entre el escenario y la primera fila de butacas— y el cuerpo de Xulio Requeixo yace en el fondo, junto a la pared de ladrillo, con un contrapeso de hierro volcado a pocos centímetros de la cabeza. Arriba, en el patio de butacas vacío, el público ya ha empezado a ocupar la platea y los palcos, y el rumor de las conversaciones baja amortiguado hasta el cadáver. Nadie ha gritado todavía.

Se abrió el 17 de julio de 2026
5 sospechosos
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El reparto

Quiénes estaban en teatro de provincias aquella noche. Todos tienen su versión; uno miente.

Nieves Barreiro

actriz protagonista

Nieves Barreiro era la primera actriz de la compañía de Xulio Requeixo desde hacía dos décadas, tiempo que ella convertía en credencial irrefutable ante cualquier interlocutor. Había llegado a la agrupación tras unos años girando por plazas menores con un repertorio de sainetes rápidos, y en esta casa encontró el espacio donde asentar un dominio escénico que no precisaba de más formación que su propia intuición y un aplomo natural ante el público. Su carácter, forjado en el trato diario con la escena y con la certeza de su propio oficio, la llevaba a moverse entre bastidores con la seguridad de quien considera cada función un territorio propio donde su sola presencia imponía silencio. Con el resto del reparto mantenía la distancia cortés que impone la jerarquía tácita de una compañía estable, más cercana a Fina Ledo por la complicidad mecánica de los ensayos que a la joven Amalia Sanjurjo, a quien observaba con una mezcla de condescendencia y cautela profesional.

Brais Coira

productor de la compañía

Brais Coira era un ferrolano de familia naviera que recaló en el teatro por pura casualidad, cuando la compañía de Requeixo quedó varada en su ciudad sin un céntimo para levantar el telón y él se ofreció a cuadrarles las cuentas a cambio de un porcentaje de taquilla. Con el tiempo, aquel apaño de urgencia se convirtió en un puesto fijo desde el que manejaba contratos, nóminas, giras y presupuestos con la misma frialdad con que su padre administraba las rutas del Cantábrico. En los ensayos se sentaba al fondo del patio de butacas con su cuaderno de hule negro, ajeno por completo a lo que ocurría sobre el escenario salvo para calcular cuánto costaba cada minuto de electricidad que consumía Roi Ferradás desde el telar. Entre el elenco se decía que era el único hombre capaz de resumir una ovación en una columna de ingresos, y él jamás lo desmintió.

Amalia Sanjurjo

actriz joven

Amalia Sanjurjo ingresó en la compañía de Xulio Requeixo con diecinueve años, tras formarse en la escuela municipal de su Ferrol natal y pasar una breve temporada en Madrid sin conseguir abandonar los coros. Ocupaba el puesto de segunda actriz, lo que en la práctica la relegaba a papeles de doncella cómplice, dama muda o figuración de fondo, una posición que aceptó con una paciencia desprovista de amargura. En el teatro de provincias se había ganado fama de muchacha diligente y de trato fácil, siempre dispuesta a preparar café en su camerino para quien lo necesitara y a escuchar las historias de los veteranos como si las oyera por primera vez. Entre sus compañeros era sabido que sonreía justo antes de cada frase, un hábito involuntario que Nieves Barreiro consideraba una muestra de timidez y que el técnico Roi Ferradás atribuía a que así se protegía de decir lo que realmente pensaba.

Fina Ledo

apuntadora

Fina Ledo era natural de Ourense y había entrado en la compañía casi por casualidad, cuando el anterior apuntador se puso enfermo en plena gira y ella, que cosía el vestuario entre bastidores, demostró saberse los textos mejor que los propios actores. Llevaba más de treinta años en el oficio, encaramada a su taburete en la concha del apuntador, con la carpeta de la obra abierta sobre las rodillas y una voz baja y precisa que solo los intérpretes alcanzaban a oír. Conocía cada función como la palma de la mano y también los entresijos del teatro, los roces y las pequeñas vanidades que circulaban por los pasillos y los camerinos, aunque ella rara vez abría la boca más que para dar el pie. Su carácter era el de una mujer observadora y reservada, de esas que están siempre en su sitio sin hacer ruido, y quizá por eso los demás tendían a olvidar que, desde su rincón, lo veía y lo escuchaba absolutamente todo.

Roi Ferradás

técnico de luces

Roi Ferradás era el técnico de iluminación de la compañía desde hacía once años, cuando recaló en el teatro Principal procedente de una gira modesta por los pueblos de Ourense. Aprendió el oficio de su tío, electricista de ferias ambulantes, y con el tiempo se hizo imprescindible en la cabina gracias a una paciencia metódica que contrastaba con el temperamento voluble de los actores. Hombre de pocas palabras y ninguna ambición artística, se movía por el teatro con la discreción de quien prefiere los pasillos de servicio a los camerinos, siempre con una llave inglesa en el bolsillo de la bata y la mirada dirigida a lo alto, donde los focos delataban polvo y dejadez. Conocía cada rincon del peine del escenario mejor que su propia casa y mantenía con Nieves Barreiro una relación estrictamente profesional, basada en las indicaciones precisas que ella le daba para sus entradas de luz sin que mediara nunca una conversación personal.

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