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ExpedienteEXP. #025
La víctima

Assur Galíndez

señor en Pancorbo, sacado malherido de la hoz de la Morcuera y muerto en la enfermería del monasterio · un monasterio dúplice junto al camino del Ebro, la noche después de la batalla de la Morcuera (865)

Los vencidos llegan a goteo desde la hoz de la Morcuera: la hueste del conde Rodrigo se ha deshecho contra los sarracenos de Córdoba y el valle entero huele a humo y a miedo. El monasterio ha abierto sus dos casas —la de los monjes y la de las dueñas— para heridos y fugitivos, y la abadesa ha mandado encender cirios que no se pueden pagar. Al anochecer trajeron en parihuelas a Assur Galíndez, señor en Pancorbo, abierto de un tajo en el muslo; la freila enfermera le hizo la cura, dijo que viviría si Dios no mandaba fiebres, y el señor anunció, delante de quien quiso oírlo, que al alba juraría sobre las reliquias lo que vio en el paso antes de caer. Con el primer rezo lo han hallado blanco y frío, la cura deshecha y el jergón empapado: se ha desangrado a oscuras, en algún momento de la madrugada. Los monjes dicen que las heridas se abren solas. El nudo de la venda, aflojado con maña, dice otra cosa.

Se abrió el 9 de agosto de 2026
4 sospechosos
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El reparto

Quiénes estaban en un monasterio dúplice junto al camino del Ebro, la noche después de la batalla de la Morcuera (865) aquella noche. Todos tienen su versión; uno miente.

Gontroda Muñoz

abadesa del monasterio dúplice: gobierna la casa de los monjes y la de las dueñas

Gontroda Muñoz es hija de un potestad del valle y gobierna el monasterio dúplice desde hace veinte años, con más mano que muchos condes: las dos casas, las granjas, los diezmos y los pleitos. Ha visto pasar aceifas, hambres y tres obispos, y a todos les sobrevivió negociando. Recibe a señores y a siervos con la misma cortesía medida, apunta cuanto se le dice y no olvida nada. Los del valle dicen que reza como gobierna: sin levantar la voz y sin soltar la vara.

Vela Osórez

merino del valle: el que cobra las rentas del conde

Vela Osórez es merino del valle por el conde Rodrigo desde hace nueve años: cobra las rentas, arma las levas cuando se llama a la hueste y responde de la paz de los caminos. Es hombre de cuentas claras y palabra medida, más temido que querido, que ha hecho hacienda propia a la sombra del cargo, como todos los merinos. En la guerra manda a los suyos con cabeza fría; presume de no haber perdido nunca una mesnada entera, y de que sus hombres lo siguen porque con él se vuelve. Al monasterio lo conoce bien: presta a las dos casas cuando las cosechas fallan, y no olvida un préstamo.

Flámula Ovéquez

freila enfermera de la casa de las dueñas: la que cose tajos

Flámula Ovéquez entró en la casa de las dueñas de niña, ofrecida por una familia del valle que no podía criarla, y encontró su sitio en la enfermería: tiene las manos duras y el pulso quieto, y ha cosido más carne de la que quisiera recordar. Sus dos hermanos quedaron fuera, labrando la tierra de siempre, y cada leva se los llevaba y se los devolvía más flacos. Es callada y de genio hondo, de las que rezan trabajando; la abadesa la tiene por la mejor enfermera que ha visto el monasterio, y por la única que no baja los ojos cuando pasa un señor.

Munio Sarracín

escudero del señor de pancorbo: peleó a su lado en la hoz

Munio Sarracín sirve a la casa de Pancorbo desde zagal: primero en los establos, luego con la lanza, siempre a un paso de su señor. En la hoz peleó donde le tocó, vio lo que no quería ver, y cuando todo se deshizo cargó con su señor monte abajo hasta encontrar el camino del Ebro. Es leal como un mastín y simple como el pan en lo que no toca a armas, donde nadie lo engaña. Ha llegado al monasterio sin más hacienda que la espada mellada y una deuda: la de haber sacado vivo a su señor de la hoz para que se le muera en un jergón.

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