ExpedienteEXP. #013
La víctima
Toribio Quijano
escribano de las Juntas de los Nueve Valles · la Casa de Juntas de Puente San Miguel, la noche anterior a la firma de la Provincia de Cantabria
En la sala alta de la Casa de Juntas de Puente San Miguel huele a sebo quemado y a pergamino húmedo. Sobre la mesa larga, la de los Nueve Valles, arde todavía un velón con el pabilo torcido, y a su lado yace de bruces don Toribio Quijano, escribano de las Juntas, la mejilla contra la madera y una vuelta de cordón de seda verde hundida en el cuello. No hay sangre, ni sillas volcadas, ni una sola ventana abierta a la noche de julio. El libro de actas descansa cerrado junto a su codo, con el sello colgando de un jirón de pergamino del que alguien ha arrancado la cinta. Abajo, en la sala baja, los diputados siguen esperando el amanecer para firmar la provincia que llevan doscientos años queriendo.
Se abrió el 28 de julio de 2026
4 sospechosos
Investigar este caso →El reparto
Quiénes estaban en la Casa de Juntas de Puente San Miguel, la noche anterior a la firma de la Provincia de Cantabria aquella noche. Todos tienen su versión; uno miente.
Gertrudis Bustamante
ama de la casa donde se hospedan los diputados
Gertrudis Bustamante quedó viuda joven y con la casa grande de Puente San Miguel a cuestas, la misma que desde hace generaciones aloja a los procuradores cuando bajan a juntarse. La gobierna con tres criados, dos mozas y un horno que no se apaga, y en el pueblo se dice que sabe cuántos huevos entran y salen del valle. Es mujer de trato seco y hospitalidad exacta: cama limpia, caldo caliente y ni una palabra de más sobre lo que se habla bajo su techo. Ha visto pasar por sus manteles a corregidores, curas y pleiteantes, y ha aprendido a distinguir por el modo de pedir vino quién viene a arreglar algo y quién viene a romperlo. Cose por las noches, madruga siempre y no ha faltado a una misa de alba en treinta años.
Facundo Cossío
mercader de santander
Facundo Cossío nació en un barrio de pescadores de Santander y entró de mozo en una casa de comercio que despachaba paño y bacalao en la ribera. Con treinta y pocos años había montado tienda propia y una recua de machos que sube sedas y cintas de Valencia hasta las villas del interior y baja escabeche y quincalla hacia el puerto. Es hombre de números rápidos, camisa buena y modales que en los salones montañeses juzgan demasiado directos, cosa que a él le trae sin cuidado mientras la cuenta cuadre. Frecuenta las juntas de los valles sin voz ni voto, invitando a cenar a quien conviene y anotando en un cuaderno de tapas azules lo que oye. Presume de no haber pedido nunca un préstamo y de no haber perdonado jamás uno.
Ildefonso Pámanes
procurador del valle de alfoz de lloredo
Ildefonso Pámanes procede de una casa infanzona del Alfoz de Lloredo cuyo escudo, labrado en el siglo anterior, preside una fachada que lleva tres inviernos pidiendo teja. Heredó de su padre la ejecutoria de hidalguía, un molino parado y unos prados que arrienda a medias con dos vecinos, y desde muy joven fue elegido procurador del valle, cargo que ha renovado junta tras junta durante veintidós años por ser el único que sabe latín y no se cansa de caminar. En Puente San Miguel se le tiene por hombre puntual, de mal humor mañanero y de una cortesía anticuada que reserva para las señoras. Habla poco de sus rentas, mucho de sus antepasados, y guarda de memoria las ordenanzas de los Nueve Valles como otros guardan el rosario.
Melchora Riaño
viuda de un procurador
Melchora Riaño enviudó de un procurador de valle y heredó, en vez de rentas, un pleito de términos por unos pastos que ya venía de sus suegros. Desde entonces recorre juntas, audiencias y despachos con una carpeta de badana atada con balduque y una memoria de fechas que desarma a los letrados. Se instruyó a sí misma leyendo autos, y en Puente San Miguel es figura conocida: llega la víspera, se hospeda en la casa grande y aborda a los procuradores en el portal, uno a uno, con una cortesía tenaz de la que nadie escapa. Tiene fama de puntillosa, de no olvidar un agravio y de corregir a los escribientes cuando yerran una fórmula. Viste de luto por costumbre más que por duelo y no bebe otra cosa que agua.