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ExpedienteEXP. #016
La víctima

Fermín Torreblanca

notario de la Junta de Fe de Valencia · una casa de huéspedes de la calle de las Barcas, en Valencia, la noche anterior a que la Junta de Fe ahorque a un maestro de escuela por hereje

Amanece sobre Valencia el 31 de julio y en la plaza del Mercado ya están montando el tablado. A dos calles de allí, en el patio de una casa de huéspedes de la calle de las Barcas, el agua del aljibe está quieta y turbia y sobre ella flota, boca abajo, el cuerpo de don Fermín Torreblanca, notario de la Junta de Fe. La tapa de piedra está corrida a un lado, como si alguien hubiera tenido prisa, y pesa lo que pesa una losa: nadie la mueve con las manos desnudas. No hay una herida, ni señal de pelea: solo una rozadura encarnada en la nuca, la manga derecha del hábito de paño arremangada hasta el codo y un zapato en el suelo, a dos varas del brocal. Encima del brocal, abierto por la mitad y empapado hasta la última hoja, descansa el legajo de los autos del proceso que esta misma mañana llevará a un maestro de escuela a la horca. La casa entera está despierta y nadie ha bajado.

Se abrió el 31 de julio de 2026
4 sospechosos
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El reparto

Quiénes estaban en una casa de huéspedes de la calle de las Barcas, en Valencia, la noche anterior a que la Junta de Fe ahorque a un maestro de escuela por hereje aquella noche. Todos tienen su versión; uno miente.

Paulina Bofí

librera de viejo en la calle de la bolsería

Paulina Bofí heredó de su padre una librería de viejo en la calle de la Bolsería, un local estrecho y hondo donde los volúmenes se apilan por tamaños y no por materias. Aprendió el oficio de niña, encuadernando a mano y aprendiendo a distinguir de un vistazo la edición buena de la remendada, y acabó llevando ella sola la compra, la venta y el trato con los chamarileros que le traen bibliotecas enteras de casas en ruina. Es mujer recia, de pocas palabras y regateo implacable, que trata a los clientes con una ironía que unos celebran y otros no le perdonan. En el gremio se la respeta y se la teme a partes iguales, y nadie le discute un precio dos veces.

Eleuterio Sanchis

maestro de primeras letras del arrabal

Eleuterio Sanchis nació en un pueblo de la Ribera y llegó a Valencia con veinte años y un certificado de primeras letras conseguido a fuerza de recomendaciones. Regenta desde hace más de una década una escuela de arrabal donde enseña a leer, escribir y contar a los hijos de cordeleros, sogueros y descargadores del Grao, cobrando por meses y perdonando la mitad. Es hombre puntilloso con la disciplina y con la ortografía, dado a las sentencias latinas mal citadas y a las quejas sobre el precio del papel. En el gremio de maestros se le tiene por trabajador y algo quisquilloso, siempre atento a lo que se dice de él y rápido en defender su reputación ante quien quiera oírle.

Vicenta Palanca

patrona de la casa de huéspedes de la calle de las barcas

Vicenta Palanca regenta desde hace casi treinta años una casa de huéspedes de la calle de las Barcas, doce camas repartidas en dos pisos sobre un zaguán con macetas. Enviudó joven y sacó adelante el negocio a base de madrugar, fiar poco y no preguntar demasiado, con una clientela de pasantes, viajantes y empleados de paso que valoran la limpieza de sus sábanas y el precio cerrado del cocido. Tiene fama de saberlo todo de todos sin haberlo preguntado nunca, y de llevar en la cabeza un libro de cuentas que jamás falla. Cuida en el piso alto a su madre, ya muy anciana, y su carácter mezcla la aspereza del mostrador con una hospitalidad terca que no reconocería en voz alta.

Gaspar Cebrián

vocal eclesiástico de la junta de fe

Gaspar Cebrián es hijo de labradores de la Plana y llegó al sacerdocio por el camino largo: seminario tardío, años de coadjutor en parroquias rurales y una cátedra menor de moral que le dio fama de leído. Hombre de salud endeble y letra minuciosa, pasó la mitad de su vida entre libros de casuística y la otra mitad oyendo confesiones de gente que no sabía escribir su propio nombre. Su nombramiento como vocal del tribunal diocesano lo recibió sin entusiasmo y con un silencio que algunos interpretaron como modestia. Quienes lo tratan lo describen como cortés, escrupuloso hasta la manía y propenso a los insomnios, un hombre que pide perdón por molestar incluso cuando es él quien ha sido molestado.

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