ExpedienteEXP. #020
La víctima
Cosme Bacares
ayudante del gobernador de la plaza · la plaza sitiada de Gibraltar, la última noche antes de que capitule ante la escuadra angloholandesa
Gibraltar no ha dormido esta noche, y no volverá a ser española cuando amanezca. Desde hace tres días la escuadra angloholandesa muele la plaza a cañonazos, y el gobernador, don Diego de Salinas, no tiene con qué responder: cuatro piezas viejas, un puñado de hombres y una guarnición que se cuenta con los dedos. Entre el humo y el estruendo, la ciudad ha bajado en procesión a su Virgen de Europa para embarcarla antes de la rendición, y en la Puerta de Tierra ya se habla de capitular. A la hora de maitines, un aguador que va a por escombros al lienzo de tierra encuentra a Cosme Bacares, el ayudante del gobernador, tendido bajo los cascotes que una bomba ha desprendido del parapeto. No tiene herida de metralla ni sangre a la vista; solo la cara vuelta contra la piedra y, en la faltriquera, un papel lacrado que no debería llevar encima. Toda la plaza da por hecho que lo mató la bombarda. El cirujano, cuando lo tienden en su mesa, no está tan seguro.
Se abrió el 4 de agosto de 2026
4 sospechosos
Investigar este caso →El reparto
Quiénes estaban en la plaza sitiada de Gibraltar, la última noche antes de que capitule ante la escuadra angloholandesa aquella noche. Todos tienen su versión; uno miente.
Águeda Villalta
aguadora del muelle nuevo
Águeda Villalta enviudó joven de un pescador que se tragó el Estrecho, y desde entonces se gana la vida acarreando agua por la plaza, de las cisternas a las casas y, cuando aprieta el sitio, de los pozos a las baterías. Es mujer de brazos duros y lengua rápida, madre de dos hijos que ha sacado adelante a fuerza de cántaro, y conoce Gibraltar callejón por callejón y vecino por vecino. La respetan los soldados porque nunca les ha faltado el agua y la temen un poco las comadres porque nada se le escapa; anda por todas partes sin que nadie repare en ella, que es la mejor manera de enterarse de lo que otros esconden.
Ginés Rendón
condestable de las baterías de la plaza
Ginés Rendón nació en un pueblo de la serranía de Ronda y se alistó de mozo en los tercios de la costa, donde aprendió el oficio de la pólvora a fuerza de quemaduras. Pasó por Ceuta, por Orán y por media guarnición del Estrecho, siempre de condestable y nunca de más, sin padrino que lo ascendiera ni tierra a la que volver. Es hombre reconcentrado y de pocas confianzas, orgulloso de sus piezas hasta la manía y amargado por una paga que llega tarde cuando llega. En la plaza se le tiene por buen artillero y peor compañía, de los que hablan más con el bronce que con los cristianos.
Nicolás Sarria
santero de la ermita de nuestra señora de europa
Nicolás Sarria es hijo de pescadores del Campo y entró de niño a servir en la ermita de Europa, primero de monaguillo y luego de santero, oficio que le vino más por costumbre que por vocación. Lleva media vida en aquel risco batido por el viento, cuidando la lámpara, barriendo la sal y recibiendo a los pocos devotos que suben, y de tanta soledad le ha quedado un apego posesivo a los objetos de culto que confunde con piedad. En la plaza se le tiene por hombre de misa diaria y bolsa fácil, capaz de partir su pan con un pobre y de quedarse a la vez con lo que no mira nadie.
Isidoro Rejano
cirujano de la plaza
Isidoro Rejano se hizo cirujano en la peor de las escuelas, la de los hospitales de campaña de la costa africana, donde aprendió a serrar deprisa y a no encariñarse. Ha servido en Ceuta, en Melilla y en cuanta guarnición del Estrecho ha necesitado un hombre que no se mareara con la sangre, y ha visto morir a más gente de fiebre que de plomo. Es descreído, bebedor metódico y de una franqueza que le ha cerrado más puertas que su oficio; dice lo que ve y no lo adorna, y por eso lo respetan los soldados y lo evitan los oficiales. A su edad ya no espera ascender ni marcharse: solo que le llegue el vino y no le falten las hilas.