ExpedienteEXP. #022
La víctima
Prudencio Vergel
tratante de antigüedades que cerró la venta de la Dama a los franceses · la finca de La Alcudia, en Elche, la noche en que se desenterró la Dama y antes de que saliera camino de Francia
La noche huele a tierra removida y a azahar tardío. En un bancal de La Alcudia, a las afueras de Elche, ha aparecido esta tarde un busto de piedra: una dama de rostro sereno, con un tocado de rueda a cada lado, que llevaba dos mil años bajo el secano. En la casa de la finca aún quedan restos de la cena con que se celebró el hallazgo, y en la cuadra espera enganchado el carro que al amanecer debía llevarse la pieza camino de Francia. Pero al pie de la zanja de la excavación, sepultado por un desprendimiento del talud, ha aparecido con las primeras luces don Prudencio Vergel, el tratante que la había vendido. En lo alto del talud, clavada en la tierra donde nadie cava, una azada. Y a un lado, su cartera abierta, con los papeles esparcidos por el suelo.
Se abrió el 6 de agosto de 2026
4 sospechosos
Investigar este caso →El reparto
Quiénes estaban en la finca de La Alcudia, en Elche, la noche en que se desenterró la Dama y antes de que saliera camino de Francia aquella noche. Todos tienen su versión; uno miente.
Bautista Ripoll
administrador de la finca de la alcudia
Bautista Ripoll administraba La Alcudia desde hacía quince años, y presumía de que en la finca no se movía un real sin que él lo anotara en su libro de tapas de hule. Hombre de orden y de pocas fiestas, veía el hallazgo del busto con ojos de contable: no una maravilla de los antiguos, sino una partida que por fin podía sacar a la finca del pozo de deudas en que la había metido el amo. Trataba a los jornaleros con la distancia del que manda las cuentas, al erudito Nemesio con la paciencia que se le tiene a un sabio que estorba, y al tratante Prudencio con el respeto interesado del que espera de él la firma que lo salve.
Damià Esclapez
jornalero de la finca
Damià Esclapez llevaba desde niño abriendo bancales en el secano de La Alcudia, y de todos los jornaleros era el más fuerte y el más bocazas. La tarde en que su azada tropezó con el tocado de piedra de la Dama se sintió, por un día, el hombre más importante de Elche. Le duraba poco la alegría cuando comprendía que la pieza que él había sacado del suelo se vendía a espaldas suyas y que a él no le tocaría más que el jornal de siempre y unas palmadas en la espalda. Trataba con sorna a los señores de la finca, con respeto de labrador a la tierra que trabajaba, y guardaba para el tratante Prudencio un rencor sordo que no se molestaba en disimular.
Roseta Tarí
cocinera y gobernanta de la casa de la finca
Roseta Tarí llevaba la cocina y el gobierno de la casa de La Alcudia desde que enviudó, y era fama que entre sus pucheros se enteraba de cuanto pasaba en la finca sin necesidad de preguntar. Servía a los señores con la eficacia de quien no sobra ni falta, y guardaba de todos ellos una opinión formada que rara vez decía en voz alta. Solo con el tratante Prudencio Vergel se le agriaba el gesto: años atrás aquel hombre había desplumado a su padre en un trato de antigüedades, y Roseta no era mujer que olvidara una afrenta a los suyos.
Nemesio Agulló
erudito de elche
Nemesio Agulló había gastado la vida y el poco caudal que tenía en escarbar los bancales de La Alcudia, convencido de que bajo esa tierra dormía una ciudad entera de mucho antes de los romanos. Maestro jubilado y anticuario de afición, dibujaba con pulso de artista cada fragmento que sacaba y soñaba con un museo del pueblo donde guardarlo todo junto. El amo de la finca lo tenía por sabio inofensivo y le había encomendado dirigir la campaña de aquel verano. La aparición del busto de la Dama fue para él el día más grande de su vida, y así lo repetía a quien quisiera oírlo. Trataba a los jornaleros con afecto distraído, al administrador con desdén de hombre de letras, y al tratante Prudencio con una cortesía cada vez más tirante.