ExpedienteEXP. #027
La víctima
Onofrio Bandinelli
conclavista del cardenal de Sant'Angelo, el que llevaba la cuenta de lo prometido · el cónclave emparedado del Palacio Apostólico, en Roma, la noche antes de la cuarta votación (agosto de 1492)
Llevan cinco días emparedados. Las puertas del cónclave se tapiaron con obra el día seis y desde entonces al Palacio Apostólico solo entra lo que cabe por el torno: pan, agua, vino aguado y algún recado que los guardianes leen antes de dejar pasar. Tres votaciones sin humo, y esta noche todos saben lo que se cuece — que hay cardenales cambiando de voto y que lo que se promete a cambio no cabe en un juramento. Onofrio Bandinelli, conclavista de Sant'Angelo, llevaba días yendo de celda en celda con su cartapacio bajo el brazo, apuntando lo que unos ofrecían y otros aceptaban, y anoche dijo delante de tres personas que al alba lo pondría todo por escrito y lo echaría por el torno para que lo leyeran fuera. Con el toque de prima lo han encontrado boca abajo en el cancel de la Sixtina, con la nuca hundida y el cartapacio abierto, vacío de la mitad de sus hojas. Aquí nadie ha entrado ni salido en cinco días. Lo que sea, está dentro con nosotros.
Se abrió el 11 de agosto de 2026
4 sospechosos
Investigar este caso →El reparto
Quiénes estaban en el cónclave emparedado del Palacio Apostólico, en Roma, la noche antes de la cuarta votación (agosto de 1492) aquella noche. Todos tienen su versión; uno miente.
Ippolito Ferrucci
conclavista del cardenal de santa prassede: le sirve la mesa
Ippolito Ferrucci nació en un pueblo de la Sabina y subió a Roma de mozo con doce años, a servir en la casa de un canónigo que le enseñó a leer para que le llevara las cuentas. De ahí pasó a conclavista de Santa Prassede, que es el peldaño más alto al que puede aspirar quien no tiene apellido: entra donde entran los cardenales, come de lo que sobra de su mesa y sabe lo que sabe su señor. Es despierto, callado y de una prudencia que en la Curia se paga bien. Lleva ocho años esperando el beneficio que le prometieron el primer día, y ha aprendido a no preguntar cuándo.
Guarniero Baldacci
conclavista del cardenal de sant'angelo
Guarniero Baldacci empezó de mozo de altar en Trastevere, moviendo candeleros y bancos, y aprendió pronto que en Roma un hombre sin letras sube por la fuerza o por el recado. Escogió el recado: entró en la casa de Sant'Angelo de mozo, se hizo imprescindible llevando y trayendo, y acabó de conclavista compartiendo el servicio con Onofrio, que sí sabía escribir y no le dejaba olvidarlo. Es de risa fácil y rencor lento, generoso cuando tiene y desesperado cuando no. Debe dinero en tres tabernas del Borgo y ha aprendido a vivir prometiendo.
Tadeo Orsucci
maestro de ceremonias del cónclave: el que ordena los turnos
Tadeo Orsucci lleva veintidós años en la Cámara Apostólica y tres cónclaves a las espaldas: sabe de memoria el orden de las oraciones, cuántos pasos hay del cancel al altar y qué cardenal se marea si le toca leer. Es hombre de libro y de costumbre, más devoto del procedimiento que de nadie en particular, y de una honradez seca que le ha costado no ascender: no se moja, no promete y no cobra. Anota todo lo que ocurre en su diario de ceremonias, que es la memoria de la casa, y esta mañana ha tenido que escribir por primera vez en su vida la palabra difunto.
Perpetua Landi
despensera del palacio apostólico
Perpetua Landi lleva treinta años dando de comer al Palacio Apostólico y ha visto entrar y salir tres papas por la misma puerta. Enviudó joven de un mozo de cocina y se quedó con el oficio, la despensa y una autoridad que nadie discute: sabe cuántas bocas hay que llenar, qué cardenal no come pescado y de qué casa viene cada recado. Del cónclave la separa un muro de obra y un torno de madera, y por ese hueco ha pasado en cinco días más de lo que pasa en un año. No sabe leer, pero se acuerda de todo.