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ExpedienteEXP. #023
La víctima

Torcuato Manglano

habilitado de la Tercera División, el que guardaba el arca del situado · el real de la Tercera División en Motavita, la noche antes de la batalla del puente de Boyacá (1819)

La Tercera División ha entrado en Motavita al caer la tarde, con el páramo de Cómbita a la espalda y la ropa que no seca. En Tunja, a la vista, lucen los fuegos del insurgente: Bolívar se les ha metido entre la división y Santafé, y al alba habrá que ganarle el camino real por el puente de Boyacá. La tropa lo sabe, y la tienda del capellán tiene fila: testamentos, cartas, confesiones de víspera. Cuando el habilitado negó el socorro otra vez —«mañana, si Dios da licencia»— hubo murmullos hasta que mandaron romper filas. A medianoche sonó un tiro hacia los pabellones; el oficial de guardia lo tuvo por un centinela espantado, porque las armas iban descargadas por orden, y nadie salió a mirar. Al tocar diana, don Torcuato Manglano ha aparecido en su pabellón, la lona de la entrada suelta, con un tiro a bocajarro en el pecho y el arca del situado abierta y vacía. La división ha salido hacia el puente sin tiempo ni de enterrarlo.

Se abrió el 7 de agosto de 2026
4 sospechosos
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El reparto

Quiénes estaban en el real de la Tercera División en Motavita, la noche antes de la batalla del puente de Boyacá (1819) aquella noche. Todos tienen su versión; uno miente.

Casiano Urrutia

furriel mayor de la división: el que lleva los libros del arca

Casiano Urrutia era escribiente en Santafé cuando la reconquista, y el habilitado se lo llevó de furriel por la letra clara y porque no preguntaba. Desde entonces carga con los libros del arca, las listas de revista y los vales del asentista, y duerme donde duerme la plata. Es hombre pulcro y asustadizo, de los que suman dos veces cada columna y guardan copia de todo, y en la división se le tiene por la sombra del habilitado: donde iba el uno, iba el otro con la carpeta bajo el brazo. Sueña con volver a una mesa con tintero que no se mueva.

Petra Alcaraz

vivandera de la división

Petra Alcaraz salió de Cartagena detrás de la división con un burro, dos calderos y más cuenta que un asentista, y lleva la campaña entera dando de comer a quien la paga y a quien se lo apunta. Enviudó de un cabo en el páramo y no volvió a mirar atrás: su casa es el tenderete, su familia la clientela y su libro de fiados vale más que muchos libros de revista. Tiene lengua rápida, oído fino y una ley: se fía de la tropa, nunca de los que pagan las pagas. A esos les cobra por delante.

Saturnino Bielsa

sargento primero de la tercera compañía

Saturnino Bielsa se embarcó en Cádiz con la expedición del año quince, sargento ya entonces, y de la tierra que vino a pacificar solo ha conocido marchas, fiebres y entierros. En cuatro años de campaña ha visto a la compañía rehacerse tres veces con reclutas del país, y a los veteranos que quedan los conoce por el nombre de pila y por las deudas. Es hombre de ordenanza, seco y cumplidor, que no levanta la voz porque nunca le ha hecho falta; la tropa lo respeta más que a algunos oficiales y él lo sabe y no lo usa. De lo que piensa no da parte a nadie.

Cipriano Montiel

capellán castrense de la división

Cipriano Montiel cantó misa en Málaga y la guerra lo fue empujando de guarnición en guarnición hasta este lado del mar, donde lleva tres años enterrando muchachos con acento de todas las provincias. Es capellán de los de manga arremangada: escribe cartas al dictado, guarda encargos para viudas que no conoce y no pregunta a nadie de qué bando reza. La tropa le cuenta lo que no cuenta al sargento, y él carga con ello como con el breviario: sin abrirlo delante de nadie. Del aguardiente de Petra da fe, y de poco más presume.

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