ExpedienteEXP. #040
La víctima
Marcos de Ircio
veedor del bastimento, hallado muerto junto al fogón del playón la madrugada del 26 de agosto de 1542 · el playón donde han varado los dos bergantines, en la boca del río grande, la madrugada del 26 de agosto de 1542, con la mar ya a la vista
Ocho meses llevan bajando el río. Salieron a buscar comida para la hueste y no pudieron volver contra la corriente, así que han ido bajando y bajando por un río que no se acababa nunca, comiendo cuero cocido, hierbas y lo que se pudo tomar en los pueblos de la orilla. De los que salieron faltan once.
Ayer el agua empezó a saber a sal y esta mañana se vio la mar. Los dos bergantines están varados en un playón para calafatearlos y hacer velas con las mantas, porque salir a mar abierta con esto es lo que hay: o eso, o quedarse.
Y quedarse tiene nombre y lista. El bastimento que queda no da para todos hasta la costa de Paria, así que el capitán mandó al veedor hacer relación de los hombres y decidir quiénes embarcan y quiénes esperan aquí a que se mande socorro, que todos saben lo que quiere decir esperar socorro en esta orilla. Esa lista se leía hoy al amanecer.
A Marcos de Ircio lo encontraron muerto junto al fogón, sentado y caído hacia un lado, sin herida ninguna y con la escudilla al lado, limpia.
Se abrió el 26 de agosto de 2026
4 sospechosos
Investigar este caso →El reparto
Quiénes estaban en el playón donde han varado los dos bergantines, en la boca del río grande, la madrugada del 26 de agosto de 1542, con la mar ya a la vista aquella noche. Todos tienen su versión; uno miente.
Blas Merino
ballestero
Blas Merino lleva veintidós años en Indias y once en el río. Es ballestero de los de antes, de los que tienen la cuerda seca en un trapo aunque se hunda el mundo, y en esta bajada ha sido el que ha guardado las armas cuando ya no quedaba pólvora seca. Ha visto morir a dos hombres emponzoñados en el asalto de un pueblo de arriba y no lo cuenta si no se lo preguntan. Es callado, ordenado y de los que cuentan las cosas dos veces: cada noche cuenta las flechas y las cuerdas antes de acostarse encima de los fardos.
Sancho Robledo
carpintero de ribera
Sancho Robledo es de Bilbao y aprendió el oficio en las gradas del Nervión antes de pasar a Indias. Fue él quien hizo el primer bergantín en el astillero de troncos que montaron río arriba, y quien lo ha remendado cada vez que ha tocado piedra, y aquí todo el mundo sabe que sin él no habría bergantines ni manera de salir a la mar. Trajo a un sobrino desde Quito, hijo de una hermana muerta, que no ha levantado cabeza desde las calenturas de mayo. Habla mucho mientras trabaja y calla cuando le preguntan.
Lope Beteta
despensero de la gente: guarda lo que queda
Lope Beteta salió de Guayaquil con la hueste y en el río lo pusieron de despensero cuando murió el que lo era, porque sabía de cuentas y porque nadie más quería el cargo: repartir hambre es oficio que no hace amigos. Lleva ocho meses oyendo lo mismo de todos los que se acercan al fogón. No rema, no calafatea y no tira con ballesta, y eso en un playón donde hay que hacer las tres cosas se nota. En Quito dejó mujer y una hija de la que habla poco.
Isabel
la lengua: entiende y habla las hablas del río y traduce para el capitán
A Isabel la bautizaron con ese nombre río arriba y con ese nombre la llaman todos, aunque tiene el suyo y no lo dice. Subió a los bergantines en el pueblo de los señores del agua negra y se ha quedado porque hablar dos hablas la hace necesaria: es ella quien pide comida en las orillas, quien entiende lo que gritan desde la selva y quien ha evitado más de una pelea traduciendo mal a propósito. Cose velas, reparte agua y cura a los que caen con calenturas. Los españoles hablan delante de ella como si no estuviera, y ella hace ya tiempo que dejó de corregirles.